Amazonia, una selva que arde

La deforestación es una herida que atraviesa la vida de las especies y del planeta. Eso piensan y sienten los pueblos indígenas de la Amazonia.

No es, como suele suponerse, que talar árboles afecte a unas especies que viven en ese bosque o a unas comunidades humanas que se ven obligadas a desplazarse. Como dice la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), “para el conocimiento y la espiritualidad indígena, el territorio es uno solo”.

En Occidente, los seres humanos también han comenzado a darse cuenta de esta interdependencia con la naturaleza. Lo que pase en ese inmenso tapete verde que se ve desde el cielo tiene una implicación real en lo que sucede en ciudades como Bogotá o Medellín y hasta en los poblados más lejanos del país.

Como lo explica el científico Antonio Donato Nobre en su libro El Futuro Climático de la Amazonía, “el bosque amazónico no solo mantiene el aire húmedo para sí mismo sino que exporta ríos aéreos de vapor que transportan el agua necesaria para las abundantes lluvias que irrigan regiones distantes en el verano”.

Cada vez que se talan árboles en la Amazonia se reducen nuestras posibilidades de enfrentar los cambios drásticos del clima que, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, tendrán un impacto severo en el planeta. Pese a que es información que no pasaría inadvertida, en los países que comparten este bioma —Colombia, Brasil, Perú, Venezuela, Bolivia, Guyana, Surinam, Ecuador y la Guayana Francesa— se ha deforestado un área similar al tamaño de España (513.016 km2) entre el 2000 y el 2018, según cifras de la Fundación Gaia.

En Colombia, para la misma época, se acabaron con 31.878 km2 que fueron usados para el avance de actividades agropecuarias –principalmente para pasto–, la expansión de la infraestructura vial, la actividad petrolera y el acaparamiento de tierras. Si bien el Gobierno Nacional mostró que en el 2019 se redujo en un 19,2 por ciento la deforestación, respecto al 2018, la situación volvió a cambiar en los primeros meses del 2020: es decir, durante el primer año de pandemia.

Entonces, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) alertó de un nuevo incremento para el periodo de enero a marzo: se deforestaron alrededor de 64.000 hectáreas de bosque en la región amazónica, un incremento del 84 por ciento respecto a los mismos meses del 2019. Aunque en el momento de esta publicación no se conocían más datos oficiales del Ideam, diferentes instituciones que monitorean la Amazonia sí tienen indicios de que la tala y quema en todo el 2020 pudo haberse disparado.

Aunque la pandemia nos hizo creer que tendríamos un año en el que el planeta tomaría un respiro, la ciencia demostró lo contrario. Fundamentados en información científica sobre la Amazonia, EL TIEMPO y el Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Universidad de los Andes, con el apoyo de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible, la Fundación Gaia y la Red Amazónica de Información Socioambiental Georeferenciada, se unieron para investigar cómo ha avanzado la deforestación en los últimos años y qué actividades promueven esta devastación.

Con información satelital, sobrevuelos por las zonas más afectadas por la deforestación, visitas a los municipios más deforestados e indagaciones con entidades del Estado, hallamos preocupantes evidencias.

Todo este tesoro natural está en riesgo. Y tenemos poco tiempo para salvarlo.

La agricultura, un motor silencioso de la deforestación amazónica

Para el caso particular de Colombia, Gaia encontró que entre 2000 y 2018 entre 600 y 1.400 km2 de bosques amazónicos fueron transformados para actividades agropecuarias.

Especial Amazonía

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Minería, una amenaza latente para la Amazonia

En 2018, de acuerdo con los datos publicados por la Agencia Nacional de Minería, se registraron 188 títulos mineros en 122.571,49 hectáreas de la Amazonia colombiana.

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El peso de la coca en la deforestación amazónica

En la Amazonia colombiana, 32 municipios cuentan con presencia activa de cultivos de coca.

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La huella de la ganadería en la selva amazónica

Los dos millones de bovinos censados en el norte de la Amazonia se han visto reflejados en un aumento de hectáreas deforestadas.

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Víctimas y deforestadores

Mientras el país avanza en la judicialización de las personas que talan los bosques de las áreas protegidas, reverdece todo un conflicto social. Se revelan omisiones del Estado que hoy, al parecer, se están corrigiendo.

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