“Aprendamos a vivir con la selva”: una nueva mirada sobre la Amazonía
Así transcurrió la lección inaugural de la segunda edición de la cátedra abierta Nuestro Futuro.
10/11/2020
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“No sabemos vivir con la selva, no hemos construido una Amazonía con la cual nos sintamos a gusto, una Amazonía que nos hable de la buena vida, del buen vivir, una Amazonía que nos invite a ser nativos de un territorio que representa casi el 30% del territorio nacional”. Esta frase de Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN, fue central en la primera lección de la cátedra abierta Nuestro Futuro sobre la Amazonía. 

Durante la primera lección de la cátedra participaron Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes, Brigitte Baptiste y Margarita Serje, profesora titular de Antropología en la misma universidad. Las invitadas hablaron sobre la relación del ser humano con la naturaleza, haciendo énfasis en los impactos que ha tenido  en la Amazonía, un ecosistema con 7 millones de kilómetros cuadrados que  se extiende dentro de los límites de nueve países.

Como introducción al encuentro, el rector de la Universidad de los Andes habló sobre la primera edición de la cátedra Nuestro Futuro, la cual se centró en los desafíos de la crisis climática, ahondando en cuestiones éticas, científicas e institucionales que son fundamentales para alcanzar el desarrollo sostenible. En esa primera cátedra quedaron en evidencia algunos hechos científicos imprescindibles, como la interconexión de los sistemas ecológicos, la irreversibilidad de fenómenos como el calentamiento global y la precariedad de algunos equilibrios biológicos.

La gran aceleración económica, según el rector, ha generado una serie de efectos en la naturaleza y a su vez  unas reflexiones éticas relacionadas con  la justicia climática, los límites del liberalismo y un cambio en las concepciones de bienestar que permita incluir a la nuevas generaciones y a otras especies. En este sentido, la cátedra sobre la Amazonía busca establecer un foco nuevo en una región que es determinante para el futuro de la humanidad. Por esta razón, en la cátedra se presentarán análisis teniendo en cuenta la ciencia, la filosofía y la historia. 

Una nueva relación con la naturaleza

Margarita Serje, quien coordina el grupo de investigación Naturaleza y Sociedad en la Universidad de los Andes, habló sobre la Amazonía no solo como un vasto ecosistema, sino como un paisaje social. Esta región, dijo, es un cosmos gigantesco que tiene una red hídrica que nutre a nueve Estados y que es, como lo dijo Mario Andreade, un continente de aguas. Allí, en la Amazonía, confluyen las cuencas de 18 mega ríos, y recogen el agua de 1.000 subcuencas en la región.  

La biodiversidad de la Amazonía es abrumadora: encontramos el bosque tropical más grande del mundo, así como bosques húmedos y sabanas. Según Serje, la Amazonía no es una masa homogénea ni solo un paisaje que ha sobrevivido desde la prehistoria. La Amazonía no es solo naturaleza, también es un paisaje social producto de una historia poco explorada. Allí, las comunidades indígenas han creado diferentes formas de vida en donde la agricultura se traduce en chagras, es decir, espacios en los  que no solo se cultiva para los seres humanos sino también para las especies nativas (algunos les llaman jardines salvajes o bosques cultivados). 

Para la expositora, las comunidades indígenas han logrado la domesticación de diferentes especies y el aprovechamiento de los recursos naturales bajo una lógica del cuidado. No obstante, no existe un reconocimiento legal de esas formas de habitar la selva. Por el contrario, se ha acentuado esa visión de que los indígenas están en un estado inferior de la evolución humana. Es importante, entonces, conocer las rutas sagradas del Yuruparí y las formas en las que las comunidades étnicas han logrado habitar en un territorio tan complejo.

De forma paralela, se ha desarrollado otra forma de habitar la Amazonía que ha generado grandes afectaciones naturales y humanas. Para explicarlo, Serje se remontó al siglo XVI, momento en el que hubo una importante llegada de esclavos y grupos de misioneros, así como comerciantes ambulantes que vieron a la Amazonía como un territorio para extraer materias primas, entre ellas el caucho. La explotación cauchera, por ejemplo, generó uno de los capítulos más brutales en la historia de la Amazonía, en donde se presentaron desplazamientos, violaciones y condiciones de esclavitud nunca antes vistas. Fue, en palabra de la expositora, “un holocausto”. 

Además de la casa Arana, hubo otras casas caucheras como la Comercial Orinoco, la casa Funes, JC Araújo , Suárez Hermanos, entre otras que no solo trastocaron las dinámicas de vida de las poblaciones indígenas, sino que explotaron el territorio de manera indiscriminada. En el siglo XX, dijo Serje, la Amazonía se convirtió en una región estratégica para la extracción de materias primas y el ganado, e incluso para extraer materiales para las guerras mundiales. 

Para finalizar su intervención, Serje hizo énfasis en el mito de la ausencia del Estado, señalando cómo las intervenciones de los gobiernos se han centrado en promover el capital, generando infraestructuras de penetración así como minería, ganadería, entre otros. No obstante, Serje resaltó la declaratoria de reservas forestales y  la constitución de resguardos como algunas acciones estatales positivas que, en todo caso,  de ninguna manera compensan el daño que han causado a la Amazonía. 

“Mi Amazonía”

Brigitte Baptiste, quien fue directora del Instituto Humbolt durante ocho años, comenzó su intervención señalando que para muchos colombianos la Amazonía es una gran masa verde o una suerte de brócoli “en la mente de nuestros dirigentes”. Sin embargo, la Amazonía tiene diferentes matices y a manera de ejemplo Baptiste contó la historia de su abuelo catalán quien navegaba por el río Caquetá intercambiando cachivaches. 

Justamente en ese mismo río Baptiste hizo su tesis de grado sobre la ecología de los peces, conociendo las tradiciones de las comunidades Andoke, Nonuya, entre otros. En esta experiencia, además de conocer la heterogeneidad biológica de la región,  Baptiste dijo que las comunidades le enseñaron sobre la ecología de la selva, teniendo en cuenta, por ejemplo, las estaciones climáticas y el calendario ecológico de las comunidades indígenas, el cual se basa en eventos climáticos, vientos, altura de los ríos, entre otros. 

Haciendo un recuento de su paso por la Amazonía, Baptiste habló sobre los ríos oscuros, los bagres, el caucho y los conflictos que su explotación generó, así como recuerdos en la Amazonía Andina donde, a través de la ayahuasca, conoció la cosmovisión de los indígenas cofanes y sionas. La rectora también contó cómo cambió su percepción sobre el jaguar, un animal cuyo significado simbólico está ligado con la organización de la selva para las comunidades indígenas. Lamentablemente, señaló que esas visiones se han visto eclipsadas por una intervención que en sus palabras ha sido “atroz y suicida” y que podemos ver en un fenómeno como la deforestación. 

Para terminar, Baptiste señaló que el bosque primario más grande del mundo se encuentra en la Amazonía. Sin embargo, el avance en la deforestación por fenómenos como la apropiación ilegal de tierras y la ganadería, tienen al ecosistema muy cerca de un colapso irreversible.

Cultivar una nueva mirada

De acuerdo con Alejandro Gaviria, en Colombia hemos tratado de aprender a vivir con la selva desde diferentes miradas. Sin embargo, la destrucción de los ecosistemas nos impulsa a pensar la Amazonía desde otro lugar. Para lograrlo, es importante desmitificar la idea de la ausencia del Estado, como decía Serje, y en su lugar crear nuevos mitos. 

En ese mismo sentido, Margarita Serje mencionó que es importante respetar la territorialidad indígena y vivir la selva como selva, y no como un lugar de extracción de oro o un lugar en donde se dan bonos de carbono. Y por eso mismo, agregó Gaviria, es clave cambiar la visión desde la educación básica,  en donde se no ha enseñado que la Amazonía es ese gran espacio verde inexplorado. 

Y por último, la rectora de la Universidad EAN dijo que es importante tener en cuenta la diversidad de perspectivas de desarrollo y el respeto a los habitantes milenarios. También es importante, agregó, pensar en la funcionalidad ecológica y tener siempre en cuenta las complejidades de quemar miles de hectáreas de selva para cultivos de arroz o palma de aceite. Este tipo de decisiones terminan afectando ciclos naturales de los cuales depende la humanidad. 

Vea la cátedra aquí: 

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