“El costo ambiental de las hidroeléctricas está subestimado”
Emilio Moran y María Claudia López, investigadores de la Universidad de Michigan, en entrevista con Lorenzo Morales, explican cuáles son los principales impactos sociales y ambientales de estos proyectos.
5/4/2019
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América Latina vive un “boom” de la construcción de hidroeléctricas. Mientras los países desarrollados parecen haber abandonado esta alternativa de energía, en la región siguen de moda. En la cuenca del Amazonas se construyen varios proyectos. En entrevista con Lorenzo Morales, periodista del Centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe (CODS),Emilio Moran y María Claudia López, investigadores de la Universidad Estatal de Michigan, explican cuáles son los principales impactos sociales de estos proyectos, ponen en duda sus supuestas bondades ambientales y aclaran por qué sus costos superan las previsiones.

Quienes abogan por las hidroeléctricas dicen que estas no tienen prácticamente ningún impacto ambiental. ¿Son las hidroeléctricas realmente tan ecológicas como dicen?

María Claudia López (MC): Realmente no lo son. Hay un estudio reciente que intenta mirar como dependiendo del lugar en donde la presa es localizada y el tamaño de la misma las hidroeléctricas no son neutrales en términos de carbono.  Esto sucede al calcular las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero más potente que el CO2, que producen las presas por la descomposición de la biomasa inundada. El estudio muestra que pueden pasar décadas hasta que un proyecto así sea “neutral” en emisiones. El estudio mira si, al final de cuentas, las emisiones terminan siendo incluso peores.

En su artículo “Sustainable hydropower in 21 century” ustedes dicen que los costos ambientales en las hidroeléctricas están subestimados. ¿Por qué?

Emilio Moran (EM): Al sector de la construcción lo que le interesa es, precisamente, construir. Quien quiere hacer el proyecto le conviene minimizar los costos y maximizar los beneficios, pero ese escenario no necesariamente coincide con la realidad. Hay estudios que indican que los costos finales de una gran hidroeléctrica terminan siendo aproximadamente un 96% más altos de lo presupuestado.
El costo de las compensaciones ambientales nunca está incluido o, si está incluido, está subestimado.

¿Y entonces quién está asumiendo esos costos?

EM: Esos costos adicionales los asume la población y el medio ambiente. Además, después de treinta o cuarenta años, esa represa va a desaparecer: ya no va a servir porque se habrá llenado de sedimentos y habrá dejado de producir energía, lo que genera un costo que también será asumido por la población. La gente acude a la justicia para obtener una compensación por la perdida en sus modos de vida, pero cuando esto ocurre la compañía casi siempre ya se ha ido y quienes terminan pagando son los pobladores o la sociedad en general. Para ser justo, en el calculo del costo de kilovatio/hora (kv/h) se debería incluir desde el principio cuál va a ser el costo de desmantelar esa hidroeléctrica. Si se incluyeran esos costos, yo no creo que el precio de la energía hidroeléctrica sería tan favorable como parece ser.

Es decir que no son costos desconocidos. ¿Las empresas pueden calcularlos, simplemente no los incluyen para que el proyecto sea más atractivo?

MC: Pues sí y no. Estimar los costos sociales de una hidroeléctrica es muy difícil. Por ejemplo, ¿cómo calcular los costos de reasentar a  muchas familias? ¿En cuántos años se cubre el reasentamiento? En la mayoría de los casos, a la persona que vive allí dónde se quiere desarrollar un proyecto hidroeléctrico se le dice “usted déme un pedazo de tierra y yo le doy otro pedazo de tierra”. No se piensa, por ejemplo, que si una persona tiene vocación pesquera debería tener un terreno cercano al río. La pérdida social y cultural que esa persona puede tener, con relación a la conexión que tenía al primer lugar donde vivía, es casi imposible de cuantificar. Esto mismo puede suceder respecto a los costos ambientales: por ejemplo, hay hidroeléctricas que se están construyendo en lugares en los que se desconoce a ciencia cierta su riqueza pesquera y cuales serian los costos en términos biológicos o económicos.

¿Cómo se podrían contemplar mejor esos costos ambientales y sociales?

MC: Es fundamental hacer mejores estudios de impacto ambiental y social. Hoy en día, en muchos lugares del mundo, esos estudios los hace la empresa que va a construir la hidroeléctrica. Las empresas seguirán poniendo lo que ellos quieren poner y no lo que deberían. Los estudios previos deben ser independientes de la empresa y tener un mayor peso y compromiso político.  Esto significa también mayor transparencia acerca de los costos y beneficios que un proyecto de esta índole puede traer. Hoy en día muchos de estos estudios no reportan la metodología que utilizaron durante los estudios. Yo creo que si los gobiernos exigen estudios de impacto ambiental y social hechos para servirle al ciudadano —no para servirle a la empresa constructora— habría una buena fuente de información.

¿Creen que en América Latina falta regulación del Estado en este sector?

EM: Que yo sepa, en casi todo el mundo hay una tendencia a que ocurra eso. Es más fácil para el gobierno transferir la responsabilidad de los estudios a las empresas. Así, los estudios siempre serán favorables, la conclusión será que hay poco impacto ambiental y social en la construcción de hidroeléctricas y los proyectos tendrán vía libre. El otro problema es que si bien las empresas publican los estudios de impacto ambiental o social, no hacen pública la metodología que utilizan. En Brasil, yo traté durante cinco años que, por ley, se obligue a las empresas a publicar esa información, pero no fue posible obtenerla.

Además, no hay forma que esos estudios sean originales, son un pagadero de información de otros estudios. Para dar un ejemplo: estuve en un seminario sobre la situación en el Río Madeira en Brasil; la compañía que construyó una hidroeléctrica presentó sus datos sobre los peces en el río antes y después de la obra. Según ellos, todo estaba bien. En el mismo seminario, ocho investigadores científicos no asociados a la empresa presentaron estudios que mostraban todo lo contrario. La empresa ni siquiera tuvo la decencia de responder cómo era posible que se tuvieran conclusiones opuestas con la metodología de ellos y la metodología de los científicos.

En Colombia, la mayor represa hidroeléctrica sobre el río Cauca, Hidroituango, ha presentado una emergencia por posibles fallas en el diseño. Para manejar la crisis, el río tuvo que ser prácticamente secado durante varios días y las comunidades río abajo se han visto gravemente afectadas. La situación no se ha resuelto. ¿Cuáles deberían ser las lecciones de este caso en Colombia para otros proyectos que están en curso en América Latina?

EM: El artículo que publicamos llega a la conclusión de que las grandes hidroeléctricas no son sostenibles. No es sostenible simplemente porque tienen una vida útil de máximo de 50 años, y casi siempre es menos. Así que son una solución a corto plazo para resolver una demanda creciente de energía. Al final de cuentas, se tiene que pagar una deuda gigantesca y se tiene una energía que no es más barata. Al contrario, el costo de la energía para la población es mayor.

¿Ese balance es lo que explica que en EE.UU. y en Europa cada vez se construyan menos hidroeléctricas, mientras que en América Latina, Asia y en África sigamos construyendo?

EM: ¡En EE.UU. y en Europa no se construyen grandes hidroeléctricas desde 1975! Los lugares mas propicios para construir hidroeléctricas en estos países ya han sido utilizados para ese fin. Los costos sociales y ambientales se volvieron inaceptables con relación a la energía que estaba siendo producida. Se decidió que había mejores opciones con menos costos sociales y ambientales. El costo de reparar una presa es gigantesco.

¿Y es por esta razón que ya no las hacen? ¿ellos ya hicieron las sumas y las restas?

MC: Hoy, EE.UU. solamente produce el 6% de su energía basándose en hidroeléctricas. El resto viene de otras fuentes, unas sustentables y otras no. En EE.UU. y en Europa en lugar de construir nuevas hidroeléctricas las están desmantelando. Hay lugares, por ejemplo, en donde había desaparecido el salmón y está volviendo después de desmantelar la hidroeléctrica. Obviamente, estoy hablando de hidroeléctricas más pequeñas que los grandes proyectos que están siendo construidos en América Latina, en el Mekong en Asia o en el Congo en África.

Muchas personas quizás tengan el contra argumento de que América Latina es rica en agua y tiene unos ríos gigantescos con un potencial energético que no se puede desaprovechar.  ¿Es ese un buen argumento?

EM: No creo. Este es un potencial grande solamente porque no ha sido usado. Los países europeos y EE.UU. ya represaron toda la energía que tenían en sus ríos. En EEUU el 40% de la energía era hídrica en los años 50’s y, de ahí para acá, fue cambiando la mezcla de las fuentes de energía porque se vieron los problemas ambientales y sociales que causaban las hidroeléctricas.

El problema en América Latina es que el lobby de la construcción de hidroeléctricas trabaja para mostrar que esta es la opción más barata dada la riqueza de la fuente y dado el cálculo que ellos hacen que, cómo ya dijimos, no incluye todos los costos. En Brasil, le he preguntado a la gente del sector de las energías renovables cómo es que no hay casi energía de estos tipos ya que hay tanto viento y tanto sol en las áreas semiáridas del nordeste y costa del país. La gente me decía que el lobby hidroeléctrico es tan fuerte que no se concibe en invertir en energía solar y eólica.

Apenas ahora se está empezando a desarrollar la energía del viento, pues el sector hidroeléctrico está debilitado: todos están en la cárcel por la corrupción que hubo en Belo Monte. Sin ese lobby tan potente, es más factible que el Congreso apoye o apruebe otras fuentes de energía. De hecho, ya la energía eólica en Brasil ha conseguido crecer rápidamente y es competitiva con las pequeñas hidroeléctricas. La inversión en solar esta apenas comenzando.

En el caso de las hidroeléctricas en América Latina, me pregunto si la construcción de estas obras está concentrada en unas pocas firmas…

MC: Es dificilísimo conseguir información porque muchas de las firmas, cuando llegan a un país, constituyen una nueva firma. Tenemos unos colegas que dicen que van a tratar de hacer un estudio mirando el tema en el Mekong, pero yo dudo que puedan encontrar buena información.

EM: Sí, es como ese jueguito en el que se mueven las fichas rápidamente para no saber dónde está el cacahuate dentro de la tacita… incluso dentro de Brasil, en cada construcción ellos crean un consorcio. De esa forma, cuando se va a pedir compensación, ya la firma que había no existe. No es la Odebrecht quien creó Belo Monte, ella fue la principal pero había como 15 o 20 firmas metidas en el consorcio que construyo Belo Monte que al final de la construcción se deshicieron. Ese tipo de jueguito es muy inteligente, pues no hay forma de que ellos sean responsables por todos los daños ambientales y sociales ya que muchos de ellos se hacen evidentes con el fin de la construcción.

En el estudio que ustedes publicaron leí este dato que me llamó la atención: en la cuenca amazónica había 147 proyectos hidroeléctricos, la mitad de ellos en Brasil. Simplemente, al mirar esa cifra, me preguntaba si esta no es una cuenca sobrepoblada de hidroeléctricas. ¿Cuál podría ser la consecuencia de que haya tantas?

MC: Si fuera al deseo de las constructoras, habría veinte mil. Ellos creen que, dado el potencial, este es un número bajito. Un dato muy importante es que la demanda de energía en América Latina, y en el mundo, sigue creciendo de una manera gigantesca. Hay un estudio que dice que entre el 2010 y el 2035 la demanda de energía se va a doblar. Mientras la demanda siga creciendo van a encontrar la manera de ofertarla de algún lugar.

Mi pregunta es: ¿una cuenca o un río aguanta tener tantas hidroeléctricas? Me imagino que el impacto se multiplica, entonces ¿cuándo se vuelve insostenible?

EM: Es insostenible desde el principio. Seamos sinceros, tan pronto se bloquea el río, van a morir las principales especies de peces y no van a regresar nunca, o por lo menos no mientras la presa esté ahí. Por ejemplo, en el Río Paraná, donde se hizo la gran Hidroeléctrica de Itaipú, se ha visto que los pescados grandes ya no existen hace rato. Quedaron los más chiquitos y los que tienen una dieta menos específica. Esto mismo sucedió en el Río Colorado en EE.UU. y en muchos otros: sobreviven unas cuatro o cinco especies, muy adaptadas o generalistas. Ahora, si tu le metes cinco o seis hidroeléctricas, ahí sí se acaba con todo.

¿Existe algún proyecto hidroeléctrico en el mundo que haya contemplado todos sus costos y los haya podido mitigar o compensar adecuadamente?

EM: No sé de ninguna. Hay unas en las que el impacto ha sido más horrible que en otras, pero en todos los casos en los que se crea una represa hay que mover gente y se ha probado que, cuando se mueve gente, esta no recibe una tierra igual o más adecuada a su modo de vida de la que tenía antes.  Biológicamente, el rio siempre será empobrecido y hay un cambio en los ecosistemas.

En obras de esa magnitud es casi imposible no tener que reasentar mucha gente…

MC: Yo creo que en el tema de reasentimientos ha habido un aprendizaje. En el caso chino, se dice que a las primeras personas que fueron reasentadas se les dijo que esta era una manera de ayudar a su país. Básicamente les pidieron el favor. Las personas perdieron todo contacto con su entorno anterior. En algunas de las nuevas hidroeléctricas que se están construyendo ya no solo se está haciendo un intercambio de tierra contra tierra, también están ofreciendo entrenamientos para que la gente aprenda a hacer otras cosas y compensaciones no únicamente monetarias.

El tema de reasentamientos y compensaciones es un poco asustador: solamente en la Hidroeléctrica de las Tres Gargantas en China  hubo que desplazar a 1.3 millones de personas. En este momento, yo estoy coordinando un estudio que esta mirando el tema de reasentamientos y compensaciones en grandes hidroeléctricas en países en desarrollo, pues queremos aprender mas sobre estos dos temas.

Un estudio de Thayer Scudder, uno de los mayores expertos en el tema, estimaba que en el siglo pasado las hidroeléctricas habían desplazado a 80 millones de personas en el mundo. Scudder ha estudiado las hidroeléctricas en todo el mundo desde 1950. Él hizo mucha consultoría con el Banco Mundial sobre el tema y sus esfuerzos mejoraron mucho lo que se demandaba de los préstamos que hacía dicha institución para construir las hidroeléctricas. Su conclusión, en el último libro que escribió, es que, a pesar de los esfuerzos para imponer criterios para mejorar la situación y los impactos sociales y ambientales de hidroeléctricas, estas no deberían construirse.

No debe ser cualquier cosa vivir cerca de una de estas mega-obras. Es de suponer que quienes no se desplazan o son reasentados también ven alterado su modo de vida. ¿Qué impactos ven ustedes en estos pobladores?

MC: Hay muchas cosas que no sabemos todavía. Muchos estudios de impacto ambiental dicen que las poblaciones que viven río abajo de las hidroeléctricas no van a ser perjudicados por la misma. Eso es totalmente falso. Las personas comienzan a ser afectadas desde el día en el que se comienza a hacer la remoción del terreno.

De hecho, una estudiante colombiana, Laura Castro, hizo un estudio con nosotros en Belo Monte (Brasil) —en una comunidad que queda muy cerca y abajo de la hidroeléctrica— en el que se quería determinar si el impacto era el mismo para hombres y mujeres. Ese tema del género es muy importante aquí: estas personas no tuvieron ningún tipo de compensación debido a que se decía que no sufrirían ningún impacto; sin embargo, tanto hombres como mujeres se vieron impactados, pero de maneras distintas. En la tesis de Laura, ella encuentra que antes las mujeres  podían ir a recoger agua del río, la cual describían como agua cristalina. Ahora, ya no pueden usar el agua del río ni para tomar ni para bañarse. A su vez muchas mujeres que antes pescaban no lo están pudiendo hacer mas ya que los sitios de pesca han cambiado, las mujeres perciben que la hidroeléctrica ha afectado la seguridad alimentaria de sus familias.

Por otro lado, para los hombres, como la productividad pesquera tuvo una baja enorme, para poder encontrar los peces que se pueden vender en el mercado, debían ir mucho mas lejos de lo que iban antes de la construcción de la presa y eso implica mas costos en la gasolina y tener que ausentarse de sus familias por mas días. Otro tema es el “boom” y la repentina inflación que se genera en los pueblos aledaños a la hidroeléctrica que se refleja en una alza en los precios de gasolina y de bienes de la canasta familiar.

¿A qué se refiere exactamente?

EM: Durante la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte, la ciudad de Altamira, en Brasil, dobló su población. Esta era la base operacional de la construcción y su población dobló —de 85 mil a 150 mil personas— en apenas un año. El municipio no estaba preparado para ese flujo de gente, no tenía suficientes policías e incluso hoy, 9 años después, no los tiene. Entraron aproximadamente 50 mil trabajadores, la mayoría hombres con poca educación y de mano de obra básica. Aumentó el crimen, la droga, el número de bares, la incidencia de sífilis, la prostitución, entre otros males. Terminó siendo una de las ciudades más violentas de Brasil, que es mucho decir. En mi opinión, cuando se va a construir una hidroeléctrica, se debe dar un tiempo para que las ciudades se preparen para el cambio demográfico, social y económico.

Alguno de los dos decía que la demanda de energía seguirá creciendo a media que crezca la población. Podría haber cínicos que dijeran: “bueno, entonces si no nos gustan las hidroeléctricas volvamos a hacer termoeléctricas, volvamos al carbón y a los combustibles fósiles”.

EM: Hoy en día, en Brasil, la energía eólica ya le gana a la energía hídrica en una licitación para nuevas fuentes de energía. El precio por kilovatio de la pequeña hidroeléctrica (o de la termoeléctrica) ya no es competitivo con relación a la energía eólica. Es una cosa reciente pero va a continuar mejorando mientras más se invierta en esta fuente de energía. La gran hidroeléctrica es competitiva porque están engañando sobre el precio verdadero por kv/v, pues no incluyen compensación, estudios bien hechos, el costo de derrumbarla después, etc.

La tecnología de las hidroeléctricas también ha cambiado. Tanto en el diseño de las presas como en la eficiencia de las turbinas. ¿Podría esto darle un nuevo aire y mejorar el desempeño ambiental de las hidroeléctricas?

EM: Están las turbinas in-stream. Esas tecnologías sí son sostenibles, pues funcionan sin tener que represar el rio, usando la corriente natural del rio: pones una turbina pequeña y no tan costosa por determinado tiempo. El objetivo es crear energía sin cambiar la ecología del río y de adaptar la tecnología a la demanda energética. Se puede crear un parque de estas turbinas en un río para suplir una población de 10 mil o 20 mil personas, o una mucho menor con menos turbinas.

En Latinoamérica todavía no existe esta tecnología. Por eso estamos trabajando en un proyecto financiado por la National Science Foundation (NSF) para poder adaptarla a un río con las características de la vertiente amazónica. Estamos trabajando de la mano de biólogas expertas en el Amazonas de forma a que la tecnología se adapte a la ecología de los ríos y de los peces de la región. Además, trabajamos con información sobre el cambio climático. Este es un problema del que no hemos hablado: muchas de las hidroeléctricas no están teniendo en cuenta lo que puede pasar a mediano plazo con el cambio climático. Las grandes hidroeléctricas no van a producir tanta energía como prometen lo cual aumentara aun más el costo por kv/h de lo que prometían antes de construirlas.

¿Dónde están estas turbinas in-stream instaladas y qué balance se ha hecho?

EM: Hay varias compañías en Europa que las producen. Una de ellas tiene más o menos 40 turbinas instaladas, pero aún están en estado experimental (están viendo cuanto tiempo duran, cuánta energía producen, etc.). Es más, algunas compañías ya se han comprometido con esta tecnología. Por ejemplo, la Voith alemana —la productora de turbinas más grande del mundo, que incluso creó las de Belo Monte— ya tiene una turbina de estas en un río en Sao Paulo, Brasil. Lo bueno de esta tecnología es que las turbinas pueden ser grandotas o tener tan solo dos metros de largo, por lo que se pueden ajustar al tamaño del río o a la cantidad de energía que se quiera generar.

¿Ustedes creen que esa tecnología nueva también tendría un lobby adverso de las grandes constructoras de represas?

EM: Seguramente. Te voy a dar un ejemplo muy concreto. Fui a Brasilia y hablé con un ingeniero que lleva más de 20 años trabajando con energía hidroquinética (es lo mismo, busca producir energía hídrica). Produjeron una turbina de este tipo y les funcionó perfecto, pero, como eran académicos,  no tenían plata y se fueron a buscarla a la Compañía Nacional de Energía de Brasil. Ellos financiaron el proyecto y, cuando ya fueron dueños de la patente, no comercializaron la turbina. En teoría, cuando a ellos les parezca útil implementar esa tecnología, ya tienen la patente y la podrán producir en masa. Pero, por ahora, a ellos les convienen más las grandes hidroeléctricas.

América Latina es muy diversa pero ¿cuáles creen ustedes que serían las alternativas de energía que se ajusten a la realidad ambiental de la región?

MC: Yo creo que una cosa clave es diversificar el “paquete”: no pensar en irnos solamente con una cosa o con otra. No es tanto dividir por país sino por región: hay regiones que tienen la capacidad de tener energía solar, por lo que deberían tenerla (lo mismo sucede con la energía eólica y la biomasa). Se podrían crear paquetes o combinaciones de estas tres. Sobretodo, creo que esto beneficiaría a las poblaciones que viven cerca de las hidroeléctricas. En Brasil, muchas de las poblaciones que están cerca de la hidroeléctrica, como la comunidad en donde Laura trabajó, no están conectadas a la red nacional, dependen de una planta eléctrica, por lo que tienen energía tan solo dos o cuatro horas al día. Las comunidades ven pasar las líneas de energía de las grandes hidroeléctricas, pero no les llega a ellas.

El tema de la pesca como fuente de alimento para las poblaciones ribereñas es un punto álgido. ¿Tiene solución?

MC: Las compañías han diseñado, por ejemplo, una especie de escaleras para que los peces puedan pasar por el río, sin tener que pasar por las turbinas. Sin embargo, en mi opinión es muy difícil desarrollar esta tecnología, pues los peces tienen que aprender a usar las escaleras. En nuestro trabajo, citamos un estudio que indica que ninguna escalera de esas funciona. Menos del 3% de los peces logran hacer el cruce. La solución implica por ahora no hacer hidroeléctricas que bloqueen el movimiento de los peces.

Ustedes hablaban de diversificar la matriz energética. En América Latina casi nunca se habla de energía nuclear. ¿Es porque no tenemos la tecnología?

EM: No, la tecnología se puede comprar. Hace muchos años, Brasil compró a los alemanes una planta nuclear que instaló cerca de Río de Janeiro pero que nunca ha funcionado. No hay mucha transparencia con respecto al problema, pero siempre que la prenden la tienen que volver a apagar inmediatamente porque las alarmas suenan. Esta era una forma de diversificar las fuentes de energía, pero nunca ha funcionado. Yo creería que para lograr esta diversificación sí es necesario un poco de energía nuclear. Yo siempre he estado en contra de la energía nuclear, pero viendo los problemas que causan las hidroeléctricas no estoy a favor de una total prohibición. Las nucleares han funcionado por muchos años, pero el hecho que tampoco se estén construyendo en Europa o EE.UU., sugiere que las mismas preocupaciones sociales y ambientales han llevado a la conclusión que el riesgo es demasiado alto.

Pese a la evidencia científica y a las decisiones que han tomado otros países con mejor información, no parece que por lo pronto América Latina revalúe su decisión de seguir haciendo hidroeléctricas…

EM: Si fuera un poco más justa la competencia entre sectores, si se pensara en el bien de la sociedad civil y del medio ambiente, si se tuviera un proceso mas participativo en estas decisiones, no sería tan bien vista la solución hidroeléctrica: el costo ambiental y social es muy alto.

Esta entrevista fue retomada por el diario El Espectador. La puede ver aquí.

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