“La ganadería extensiva explica la mayoría de la deforestación en América Latina”
Lorenzo Morales, periodista del Centro ODS, conversó con David Kaimowitz sobre por qué América Latina está perdiendo sus bosques a una velocidad vertiginosa y sobre algunas ideas para evitarlo.
Lorenzo Morales del Centro ODS
7/5/2019
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La pérdida de bosques en América Latina avanza a una velocidad sin precedentes. Tres países de la región aparecen entre los campeones mundiales de la deforestación de selva tropical y hay pocos indicios de que esta situación se revierta. Se necesitan ideas creativas e innovadoras, fuera de las fórmulas inocuas o fallidas se han aplicado hasta ahora, para contener la tala de bosques, la principal fuente de emisiones de gases efecto invernadero de la región.

La semana pasada, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad (IPBES) reunida en París advirtió sobre la pérdida masiva de especies en el planeta por causa de las actividades humanas. En América Latina, esta perdida tiene una estrecha relación con la desaparición de bosques, uno de sus principales patrimonios naturales.

Conversamos con David Kaimowitz, Director de Recursos Naturales y Cambio Climático de la Fundación Ford, quien ha estudiado por décadas las transformaciones de los bosques en América Latina. Kaimowitz conoce de primera mano las experiencias exitosas que están demostrando que cuidar el bosque no riñe con el desarrollo económico y que incluso puede ser una fuente de riqueza y bienestar para las comunidades que habitan en ellos.

La deforestación es la segunda fuente de emisiones globales después del consumo de combustibles fósiles en el mundo. Si queremos frenar el calentamiento del planeta, reducir la deforestación parece inaplazable…

Yo creo que ahí hay un tema muy importante. Los bosques son mucho más importantes en el tema de cambio climático de lo que normalmente se piensa. Por lo menos hay dos o tres razones. Cuando talas un bosque no es solo la emisión que estás generando en ese momento, es también que estás quitando la posibilidad de que ese bosque, por lo general de árboles jóvenes, en crecimiento, siga capturando más carbono en el futuro.

Cuando yo comencé a estudiar este tema se pensaba que la única relación relevante de los bosques tropicales con el clima era por el tema de las emisiones de carbono, pero hoy en día sabemos de la importancia de la evapotranspiración: el rol de los bosques en generar lluvia, nubes, y también el rol de los bosques en mantener una superficie donde no pasen los vientos con tanta fuerza e impedir que se seque la tierra. Todo eso tiene un impacto muy relevante en el clima que muchas veces se ignora. Solo se mira la parte de gases de efecto invernadero.

 

En 2018 se talaron más de 12 millones de hectáreas de selva tropical en el mundo

En 2018 se talaron más de 12 millones de hectáreas de selva tropical en el mundo, según el World Resources Institute. Entre los cinco países más deforestadores hay tres de América Latina: Brasil, Bolivia y Colombia. ¿Por qué América Latina está entre estos campeones?

América Latina está entre los campeones porque es la región del mundo que todavía tiene más bosque tropical. También porque es la región del trópico con un contexto muy favorable a los agro negocios, muchísimo más que África, por ejemplo, y con un problema muy particular que es la ganadería extensiva. La ganadería extensiva explica la mayoría de la deforestación en América Latina.

En Colombia no hay una correspondencia entre la vocación del suelo y su uso. Parte de lo que sucede con frecuencia es que suelos que deberían ser para cultivos se usan en ganadería. ¿Es esta también una situación en otros países de América Latina?

Totalmente. En América Latina hay tres motores de la deforestación. Primero es el motor de la agricultura comercial con una lógica de expandir la producción para lucrarse con la venta de soya, de palma africana o en algunos casos de carne. El segundo motor es el de la especulación de tierra, que es donde entra muchas veces la ganadería extensiva. La ganadería se usa como una forma de ocupar el territorio y adueñarse de la tierra. El ganado es un placeholder, o sea una forma de asegurar la posesión, una actividad más valiosa o lucrativa que explotar la carne o la leche. Tercero, y a mucha menor escala, está la agricultura de subsistencia. Pequeños productores que están deforestando áreas para sobrevivir.

El ganado es un placeholder, o sea una forma de asegurar la posesión, una actividad más valiosa o lucrativa que explotar la carne o la leche.

Ahora que menciona la ganadería como una manera informal de poseer la tierra, vuelvo a referirme al caso de Colombia: allí la deforestación ha venido aumentando y muchos expertos lo atribuyen a la firma de los acuerdos de paz entre le gobierno y la guerrilla. La guerra fue un cerrojo que impidió el acceso a esos bosques. ¿Le parece una buena explicación?

Yo creo que definitivamente es una explicación relevante. Prácticamente todos o casi todos los países en el posconflicto han vivido experiencias parecidas. Nicaragua aumentó drásticamente la deforestación y la ganadería extensiva en los años 90, después del conflicto. Guatemala, en la región de Petén, experimentó una situación parecida, y lo mismo en Perú, y algunos países de África y Asia. Hay un problema de cómo lograr una gobernanza a corto plazo de territorios donde tradicionalmente el Estado no ha tenido presencia y lo que ha mantenido la deforestación bajo control es la violencia, el secuestro y la extorsión.

Aunque suene un poco drástico, la paz no es necesariamente buena para los bosques…

En cuanto a la cobertura vegetal, es decir que haya árboles en pie, se puede decir eso. En lo que se refiere a la vida silvestre y el tema de la coca tiene otros matices.

 

Ahora que hablábamos de países en transición de un conflicto armado, Guatemala tiene una experiencia interesante de manejo forestal comunitario producto en parte de esos acuerdos de paz. ¿En qué consiste ese modelo de Petén que ha sido tan exitoso?

En las áreas de la Reserva de la Biosfera Maya el gobierno ha entregado concesiones por 25 años (y renovables) para que las comunidades manejen los bosques en los que viven. Son concesiones donde las comunidades pueden vender madera y productos no maderables como el “xate”, una planta ornamental que exportan o la nuez de ramón que es un alimento, pero tienen que comprometerse a manejar el bosque de forma sustentable y tener una auditoría independiente que comprueba que en efecto es así. Ha funcionado tan bien que prácticamente la deforestación ha sido casi cero, los incendios han sido casi cero y la vida silvestre está por todos lados. Mientras tanto, las áreas protegidas aledañas y donde está restringido cualquier uso están en una situación deplorable.

Entonces, ¿prohibir totalmente el uso o la ocupación del bosque no siempre garantiza la protección e incluso permitir cierto aprovechamiento garantiza más conservación?

Pues la experiencia es que a menos que el Estado tenga realmente la capacidad de manejar un área protegida, esas áreas protegidas se convierten en lo que se conoce como “parques en el papel”. Es decir, existe una línea, existe un decreto, pero en la práctica el Estado no está cuidando esa área. La experiencia es que hay que buscar otro agente que pueda cuidar esa área. A veces, son las comunidades que viven en ellas, a veces son los pueblos indígenas que cuidan sus propios territorios y vigilan y monitorean porque no quieren que entren grupos externos y otras veces son grupos de afrodescendientes que han estado allí por siglos. Otras veces pueden ser incluso grupos privados que llegan a un acuerdo con el gobierno en este sentido. Si el gobierno no tiene la capacidad para cuidar sus bosques tiene que buscar a otro que preferiblemente esté en el terreno y tengan un incentivo real para hacerlo.

Pues la experiencia es que a menos que el Estado tenga realmente la capacidad de manejar un área protegida, esas áreas protegidas se convierten en lo que se conoce como “parques en el papel”

¿Cómo funcionan las “reservas extractivas” de Brasil? ¿Es un modelo parecido?

Sí, es otro caso muy importante, que realmente son dos casos distintos. Están las famosas reservas extractivas que son, sobre todo, reservas para los “siringueros”, o sea la gente que aprovecha del latex de los árboles naturales de caucho, que fue todo el movimiento del famoso Chico Mendes. Lo otro es que recientemente, en el gobierno de Lula da Silva, se dieron muchas “Áreas de Desarrollo Sustentable” que son áreas protegidas, pero donde hay un manejo campesino o de comunidades forestales dentro de las áreas protegidas que suelen ser más diversos. Es una mezcla de un poco de aprovechamiento forestal, un poco de cultivos agrícolas, un poco de pesca, pero donde la comunidad se compromete a seguir las reglas de no deforestar grandes áreas.

¿Por qué si hay experiencias exitosas no se han replicado o expandido en los bosques de América Latina?

Pienso que los principales obstáculos para que esto se expanda son el desconocimiento y el prejuicio: la idea de que las comunidades no pueden hacer eso, que son incapaces, cuando hay mucha evidencia científica que dice lo contrario. Lo otro es una tendencia a la sobrerregulación. Si uno exige demasiados planes de manejo, inventarios, permisos, etc., todos esos trámites se van convirtiendo en una gran carga que hace imposible que la comunidad asuma el manejo. Por eso, con frecuencia tiene que intervenir alguna ONG que de apoyo. Para llevar el manejo forestal a escala se requiere que la tramitología y la sobrerregulación no sea tan pesada que mate la gallina de los huevos de oro.

En un documento aún inédito pero que se publicará próximamente (“Power to the forest people: Tendencies, impact and the future of locally-controlled forests”. D. Kaimowitz; M.F. Tomaselli) usted menciona que las políticas muy generales que no contemplan la variedad de escenarios locales son un obstáculo para estos modelos comunitarios. ¿Puede profundizar en eso?

No se puede hacer lo mismo en la Amazonía en un resguardo indígena donde el acceso es muy difícil, donde los costos de transportar cualquier producto forestal son altísimos, donde la capacidad empresarial de las comunidades es menor, a lo que se puede hacer en la zona Andina, en un área mucho más cerca a una ciudad o una zona de reserva campesina donde tienen toda una capacidad gerencial. Cada uno de ellos va a necesitar un enfoque un poco distinto, sin duda, según el acceso al mercado, según el nivel de organización de los grupos, según el tipo de bosque que hay, etc.

 

 Cuando se habla de manejo forestal comunitario, se asume que esto siempre traerá un conflicto entre comunidades locales y grandes compañías. ¿Hay alguna experiencia donde haya habido una relación de mutuo beneficio?

Hay experiencias positivas en México de alianzas entre empresas y comunidades. Un problema muy importante para el manejo forestal comunitario es la pregunta, ¿quién financia la maquinaria? No son alianzas fáciles, muchas veces las comunidades se quejan de la empresa o la empresa se queja de la comunidad, y requiere una cierta intermediación de alguna ONG o del gobierno para que esas alianzas puedan salir bien libradas.

Usted ha dicho que ese modelo del manejo comunitario tiene muchas veces resistencia de las élites económicas locales. ¿A qué se refiere exactamente?

La gente que está deforestando quiere quedarse con esa tierra. Si se la entregas a otro grupo, no van a estar muy contentos. Las élites tienen la impresión de que al asignar estas áreas a bosque —que sea comunitario, que sea indígena, que sea afro o que sea de una organización de conservación privada— de alguna forma esto va a bloquear el desarrollo a futuro. La misma experiencia brasilera es interesante porque en Brasil han logrado un gran crecimiento agropecuario, un gran crecimiento económico, sin que eso entrara en conflicto con un crecimiento del área del manejo forestal comunitario indígena. Lo han logrado simplemente con una mayor intensificación de la agricultura en las áreas que ya son agropecuarias. Es decir, produciendo más en el mismo suelo. El desarrollo económico no tiene que entrar en contradicción con la conservación de los bosques.

El desarrollo económico no tiene que entrar en contradicción con la conservación de los bosques.

Sin embargo, Brasil es el mayor deforestador del mundo…

Sí, pero en Brasil se redujo la deforestación más que en cualquier otro país en el mundo. Entre 2004 y 2013 prácticamente la redujeron en un 75%, principalmente a través de aumentar el área de territorios indígenas y comunitarios y por medio de hacer cumplir más la ley forestal que ya existía.

Usted menciona el asunto de hacer cumplir la ley. En Brasil, la ministra de ambiente de entonces, Marina Silva, dispuso de las fuerzas militares para perseguir a los deforestadores. ¿Eso funcionó?

Definitivamente tuvo que ver. La decisión de mandar las tropas a las zonas forestales en Brasil se da después del asesinato de la monja norteamericana Dorothy Stang. Las mandan, de hecho, no tanto por un problema de deforestación, sino inicialmente por un problema de violencia creciente alrededor de ese problema de deforestación. Yo creo que las tropas sí jugaron un rol positivo, pero dentro de un enfoque integral, que incluía trabajar con los territorios indígenas, con las comunidades, con los gobiernos estatales, con las ONGs. Si solo hubieran mandado tropas yo creo que habrían creado mayor violencia y conflicto.

Otra de las herramientas de esa estrategia fue crear una lista negra de los municipios que más deforestaban, y eso implicaba una serie de sanciones fiscales, entre otras. ¿Qué opina de ese tipo de garrote?

Yo creo que ese instrumento fue muy importante en el caso brasilero y sí tuvo un impacto muy importante. Ellos escogieron los 50 o 100 municipios que más deforestaban y prohibieron el crédito público. Otra cosa que tuvo mucho impacto, en el caso de la ganadería, fue que los fiscales en Brasil llegaron a los mataderos y dijeron: “ustedes no pueden estar procesando carne que venga de fuentes ilegales, esto los hace cómplices de un crimen” y les notificaron que habría multas y posiblemente cargos criminales. Los mataderos realmente empezaron a controlar su cadena de producción y lograron sacar la carne que venía de ganado de áreas recién deforestadas.

Para eso se necesita un Estado fuerte y presente en todos los territorios y ese no siempre es el caso en América Latina.

Yo diría que, en los dos casos, tanto en la lista negra de municipios y la fiscalización a los mataderos, una de las grandes ventajas es que prácticamente no hacía falta tener personal del Estado en el campo. Con imágenes de satélite se puede detectar de donde estaba surgiendo la deforestación y podrías exigir a los mataderos en particular saber de donde venía su ganado. Hoy en día eso no es cosa del otro mundo, quizás lo fuera hace 20 años, pero hoy en día no lo es. Lo que sí se necesita es mejor información sobre quiénes están ocupando esas tierras deforestadas.

América Latina es pionera en la entrega de títulos colectivos a comunidades que viven en los bosques

América Latina es pionera en la entrega de títulos colectivos a comunidades que viven en los bosques. El 38% de los bosques en América Latina están en manos de estas comunidades indígenas o campesinas. Pero a su vez, la región tiene tasas de deforestación muy altas. ¿No es esto una paradoja?

Primero, América Latina todavía tiene mucho bosque y como resultado ese otro 60% que no está en manos de comunidades de indígenas y afros se está deforestando muy rápido. El nivel de deforestación en las áreas comunitarias, de indígenas y afros es muchísimo más bajo que en las otras áreas de bosque. Incluso las áreas indígenas en particular tienen tasas de deforestación que son tan bajas o más bajas que los parques nacionales de muchos países.

En el caso de Colombia, en algunas zonas, especialmente en el Pacífico donde hay consejos comunitarios de afrodescendientes que es algo similar a los resguardos indígenas, algunos se han conservado bien, pero sobre ellos hay una presión muy fuerte por los cultivos de coca y la minería. ¿Cómo contener eso?

La minería es un problema creciente en los bosques de América Latina producto de los altos precios de oro. Estaría mintiendo si digo que alguien ha encontrado una solución a corto plazo a ese problema. Yo creo que son muy importantes los esfuerzos que se están haciendo para reducir el uso de mercurio porque eso tiene un impacto ecológico y en la salud humana enorme, y hay algunos logros en ese sentido. Pero logros en reducir la deforestación, ligado a la minería ha sido muy difícil. En el caso de la coca pues el problema es que el uso de los herbicidas y el constante esfuerzo de parar la coca en un lado hace que la coca pase a otro lado (balloon effect) y eso genera una dinámica de destrucción que es muy compleja también.

Tratando de hacer un poco de futurología, ¿América Latina podrá recuperar sus bosques? O ¿la mejor noticia posible será que la deforestación avance a un ritmo más bajo?

Yo creo que se puede reducir la tasa de deforestación, pero no se puede parar la deforestación. También en muchas zonas de América Latina, los bosques están volviendo, aunque no logran compensar la pérdida. Eso apenas se empieza a estudiar.

El artículo elaborado por Lorenzo Morales del Centro ODS, fue publicado en el Espectador. Lo puede consultar aquí.  

Las fotos que acompañan la entrevista son de la región de Petén, Guatemala, donde el modelo de concesiones forestales ha permitido conservar 500 mil hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya. Autor: Lorenzo Morales, CODS.

 

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