Los economistas tienen más interés en los deportes que en la pérdida de biodiversidad, dice investigación
Una investigación mostró que entre 2000 y 2019, el 94% de las principales revistas académicas sobre economía abordaron el tema de biodiversidad en menos del 1% de sus artículos.
Sofía Garcés Cardona
12/5/2021
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Cada vez es más evidente la compleja situación ambiental en la que se encuentra la humanidad. Según el Informe de Planeta Vivo de WWF (2020), “las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios han disminuido en 68% en promedio a nivel global” entre 1960 y 2016. De hecho, el declive en Latinoamérica es más crítico, siendo el promedio de 94%. Así mismo, la concentración de CO2 actual en el planeta es de 417.64 ppm, mayor que cualquier concentración evidenciada en más de 3 millones de años, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.

Sumado a lo anterior, el incremento promedio del nivel del mar desde 2014 a 2019 ha sido de 5 mm por año. En esa línea, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres ha reportado que las catástrofes naturales cobran 60.000 muertes humanas al año, siendo las inundaciones la calamidad predominante. Estas son tan solo algunas evidencias que demuestran la necesidad urgente de una transformación en la vida del ser humano para evitar los efectos más adversos de la crisis ambiental.

El rol de la economía en la transformación

Ante la crisis, se han planteado diferentes soluciones. El Acuerdo de París firmado en 2015 fue un gran avance al lograr el compromiso de la mayoría de países de mitigar sus emisiones de gases de efecto invernadero con el fin de lograr una disminución en el aumento promedio de la temperatura global. Se espera que este valor oscile entre los 1,5 y 2,0 grados centígrados como máximo. Para lograr un ajuste de este orden de magnitud, se necesita una comprensión lo suficientemente amplia tanto de la problemática como de sus soluciones, no solamente desde las ciencias duras, sino también desde las dimensiones sociales, económicas y políticas del desarrollo.

En lo que respecta a las ciencias económicas, la crisis ambiental está lejos de ser una prioridad. Según una investigación realizada por Sam Butler-Sloss y Marc Beckmann, estudiantes de Economía de la Universidad de Edimburgo y Universidad de Economía y Administración de Viena, las 300 principales revistas académicas especializadas en economía poco abordan temas como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el capital natural y los servicios ecosistémicos.

Para realizar este análisis, los autores tomaron el ranking de Wohlrabe (2016) y evaluaron si los artículos contenían términos relacionados con el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, dos de los retos más apremiantes catalogados por la ciencia. El estudio se realizó teniendo en cuenta títulos, resúmenes ejecutivos y palabras claves de los artículos desde 2000 hasta 2019, evaluando la presencia específica de los siguientes conceptos: “cambio climático, calentamiento global, carbono, gases de efecto invernadero, capital natural, servicios ecosistémicos y biodiversidad”.

El tema del capital natural y la pérdida de biodiversidad se abordó sólo en 0,6% de los artículos estudiados, en donde, si se eliminan las revistas de economía ambiental, el porcentaje se reduce a la mitad. El estudio encontró que en 282 de 300 (94%) revistas académicas analizadas menos del 1% de artículos trataban temas relacionados con biodiversidad.

En el caso del cambio climático, los resultados son similares: en el 71 % de las revistas consultadas (231 de 300) menos del 1% de las investigaciones publicadas abordan esta problemática. Sin embargo, desde 2007 se ha incrementado el número de artículos económicos sobre el cambio climático a diferencia de la pérdida de biodiversidad, la cual ha permanecido constante en niveles extremadamente bajos. Así pues, los autores resaltan que no se percibe el colapso ecológico como igual de urgente y peligroso al cambio climático, cuando en realidad, están sumamente entrelazados.

Butler-Sloss y Beckmann también investigaron otros temas en los que la atención de los economistas está más focalizada, según las revistas analizadas. Detectaron que las crisis financieras y el mercado laboral son temas que sobrepasan con creces el cambio climático. Lo anterior permite afirmar que se tiene un interés en las acciones post crisis más que en la preparación ante la misma. No obstante, según los autores, esto es inútil en términos ecológicos pues, tras un planeta muerto no existe análisis posterior. Incluso, se evidenció que los deportes reciben igual atención, e incluso mayor, en las investigaciones económicas que el uso del capital natural, la biodiversidad y los servicios ecológicos: 85 de las 100 mejores revistas publicaron igual o mayor número de artículos de deportes que de servicios ecosistémicos, capital natural y biodiversidad”, señalan los investigadores.

Casos de éxito y el papel de la educación

Si bien Butler-Sloss y Beckmann argumentan que desde la economía se está desaprovechando una gran oportunidad intelectual para la creación de conocimiento en este campo, actualmente hay iniciativas que indican que estos temas están ganando popularidad entre los estudiantes. Juan Camilo Cárdenas, profesor de Economía de la Universidad de los Andes, resalta que ha llevado a cabo sondeos para determinar los retos más apremiantes para los economistas en el siglo XXI y ha encontrado que el cambio climático y la desigualdad siempre ocupan los primeros lugares, lo que indica que hay un interés creciente en los economistas para abordar estas temáticas.

Así mismo, Cárdenas destaca que en Colombia se creó el Grupo de Investigación REES (Research Group on Environmental, Natural Resource and Applied Economics Studies), el cual indaga sobre recursos naturales, medio ambiente y economía aplicada como parte de la red global EfD (Ambiente para el Desarrollo). El grupo trabaja desde el Departamento de Economía de la Universidad de los Andes y vincula a profesores de distintas disciplinas con el fin de articular la agenda de la economía ambiental en el país y aumentar la visibilidad de los resultados académicos en este campo.

No obstante, considera que para fomentar el interés en investigación acerca del cambio climático y capital natural por parte de las ciencias económicas es clave vincular estas temáticas a la enseñanza introductoria en esta disciplina, teniendo en cuenta tres aspectos fundamentales: La tierra es finita y no aguanta un crecimiento económico indefinido; hay límites biofísicos que la biosfera y atmósfera imponen al funcionamiento de la economía y la conservación del capital natural es vital para proveer los bienes y servicios ecosistémicos que sostienen precisamente la economía”. En esa línea, Cárdenas resalta el surgimiento de proyectos que vinculan a economistas alrededor del mundo, como CoreEcon, que buscan rediseñar la enseñanza de la economía para que la sostenibilidad sea central en el contenido académico. Mediante esta iniciativa han logrado incluir a 368 universidades a nivel global, impactando a más de 13.800 estudiantes latinoamericanos.

En sintonía con Butler-Sloss y Beckmann, Cárdenas plantea que hay diferentes perspectivas desde las cuales se pueden abordar las temáticas de cambio climático y biodiversidad, siendo algunas de ellas la economía de mercado, la economía política, comportamental, racial, histórica, computacional y análisis de economía compleja.

Finalmente, el reporte concluye que es momento adecuado para darle un vuelco a la forma en la que los economistas abordan la crisis planetaria en la academia. Se considera preciso cuestionar los modelos, teorías y paradigmas tradicionales, de modo que “la distribución de recursos, costos y oportunidades en el tiempo y espacio, junto con la ética que conlleva tal distribución” sean centrales en la agenda investigativa.

*Butler-Sloss y Beckmann hacen parte de Economistas por el futuro, una iniciativa internacional que surge del movimiento  “Fridays for Future” promovido por Greta Thumberg. Su principal objetivo es movilizar a los economistas a usar su influencia para mitigar y adaptarnos a la crisis climática y ecológica, incentivando estas temáticas en las agendas institucionales y departamentales.

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