“La gente ve al mar como una mancha azul estéril, cuando en realidad dependemos de él”: Juan A. Sánchez
Lea esta entrevista con el director del grupo de investigación sobre biología molecular marina de los Andes.
Santiago Valenzuela
10/6/2020
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Por: Santiago Valenzuela A.

Este es un dato del que poco se ha hablado: para el diagnóstico del Covid-19 se utiliza una enzima aislada de la bacteria Thermus aquaticus, un microorganismo que habita en las aguas termales de Yellowstone. Sin esta bacteria, sería difícil hacer las famosas pruebas PCR. Los extremófilos, como se llaman a los organismos que soportan condiciones extremas, abundan en las profundidades oceánicas, donde todo está por descubrirse. “Usualmente vemos a los océanos como una mancha azul en el mapa, como desiertos enormes cuando, en realidad, dependemos de ellos y tienen un gran potencial de vida”, dice Juan Armando Sánchez, biólogo marino, doctor en Ciencias Biológicas y profesor de la Universidad de los Andes.

Actualmente, la ciencia explora soluciones para la pandemia del coronavirus en diferentes escenarios. Uno de ellos: los océanos. Existen por lo menos 40 componentes en en las profundidades del mar que tienen propiedades anti virales y que pueden ser una de las fuentes de una eventual vacuna. Además del potencial científico, el mar es clave para mantener ciertos niveles de bienestar en el planeta. De acuerdo con Naciones Unidas, la “economía azul” representa entre el 3.5 y el 7% del PIB mundial por sectores como el turismo, el transporte marítimo y la producción de alimentos del mar.

Los océanos, a su vez, son fundamentales para detener el cambio climático. El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 14, busca justamente la preservación de la vida submarina. Estos son algunos datos que recogió la ONU sobre su importancia: “más de tres mil millones de personas dependen de la biodiversidad marina y costera para su sustento; además, los océanos absorben alrededor del 30 por ciento del dióxido de carbono producido por los humanos, amortiguando los impactos del calentamiento global”. No obstante, en la última década los espacios de mar abierto muestran que los niveles actuales de acidez han aumentado en un 26 por ciento desde el comienzo de la Revolución Industrial.

Para ahondar en el tema de los océanos y sus aportes a todas las formas de vida, en el Centro ODS para América Latina y el Caribe (CODS) hablamos con el profesor Juan Armando Sánchez, quien justamente lidera un grupo de investigación en los Andes sobre biología molecular marina, estudiando principalmente las afectaciones de la acidificación en los arrecifes de coral. Esta entrevista hace parte de la estrategia Un Nuevo Futuro, que busca analizar posibilidades y soluciones para cumplir con la Agenda 2030 teniendo en cuenta los efectos de la pandemia en el planeta.

Profesor, usted lidera el grupo de investigación sobre biología molecular marina. Cuéntenos en qué están trabajando ahora y cómo se articula este trabajo con la crisis ambiental que estamos viviendo…

Recientemente tuvimos la fortuna de ser seleccionados por el MinCiencias para financiar un programa de investigación. Estamos estudiando la microbioerosión en vista del aumento y acumulación de Gases Efecto Invernadero (GEI) en el océano. Recordemos, ahora que me habla de la crisis climática, que el océano es el principal contenedor de CO2; un tercio del dióxido de carbono se queda en el océano por procesos biogénicos. El problema es que cuando hay demasiado CO2 se acelera el proceso de acidificación y aumenta la producción de bicarbonato. El problema en el mar es muy serio.

Teniendo en cuenta estos procesos, estamos examinando qué pasaría en el futuro, por ejemplo en 2100, con esta acumulación de GEI. Hasta ahora hemos visto que los corales tienen cierta tolerancia, sin embargo, el lecho rocoso que los sostiene puede disolverse. Existen ciertos organismos que pueden erosionar las rocas y ahora estamos estudiando justamente unas especies de algas que pueden erosionarlas. También estamos generando dispositivos, algunos mecánicos y otros electrónicos, para tratar de comparar los niveles de microerosión en diferentes zonas del mar. Estamos evaluando, tanto en el Pacífico como en el Caribe, la cantidad de microorganismos que hay dentro de las rocas coralinas.

¿Por qué son tan importantes lo corales?

Los corales construyen arrecifes coralinos, los cuales son los ecosistemas más biodiversos del océano. De hecho, gracias a esa biodiversidad tenemos la despensa del futuro para la alimentación del planeta. Y para nuevas medicinas, por ejemplo, los corales son muy importantes. Actualmente, el 80% de las nuevas medicinas que se usan para terapias contra el cáncer tienen origen marino, lo mismo otras que son retrovirales para herpes y VIH. De hecho, una de las quimioterapias más exitosas (Trabedectina), utiliza un componente activo de un invertebrado que vive en las raíces del manglar, a 20 centímetros de profundidad. En el océano tenemos una biblioteca de miles de años de evolución que no hemos estudiado.

Por otro lado, los servicios ecosistémicos de los arrecifes coralinos son enormes. Tanto por su rol en los ciclos biogeoquímicos del planeta, así como por la cantidad de productos alimenticios y de turismo que genera. Estos ecosistemas son muy importantes para millones de comunidades costeras. El problema es que el mar tiene un problema grande de invisibilidad, genera miedo explorarlo y la gente lo ve como antinatural, como algo externo. Eso sí, lo utilizamos para afectarlo; allí terminan todos nuestros desechos.

¿Cuáles son las principales amenazas que enfrentan los océanos?

La acidificación es un problema muy grande. Todas las predicciones del cambio climático tienen que ver con el océano. Actualmente estamos aumentando los nutrientes en los mares y también la demanda biológica de oxígeno en los océanos. Por eso se están generando zonas muertas, donde no hay oxígeno, como en la desembocadura de algunos ríos y zonas costeras. El agua que vertemos acá en Bogotá llega al mar Caribe y todos esos nutrientes y materia orgánica están cargando a los mares con nitrógeno y otros elementos que vienen con los sedimentos.

Eventualmente los microorganismos terminan consumiendo todo el oxígeno disponible en el proceso de aprovechar esos nutrientes que vienen del continente. Todo esto, además, va en sinergia acelerando el problema de la acidificación.

También se han denunciado consecuencias ambientales por la extracción de crudo en los mares…

Bueno, cuando usted va al Golfo de México se encuentra con una cantidad de plataformas de extracción de crudo inimaginables que llevan años funcionando. Hay zonas donde naturalmente emana muchísimo petróleo. Pensemos por ejemplo en Santander, a veces usted va por la carretera y se encuentra vetas por las que sale petróleo naturalmente, por ser un componente de la geología superficial. Ahora, en las actividades marítimas hay muchos riesgos y desastres naturales. Una sola catástrofe como la del Deepwater Horizon, por ejemplo, borró con el codo todo lo que se había hecho con gran cuidado. Por intervenir en pozos petrolíferos submarinos se generó un desastre ecológico lamentable. En Colombia hay muchísimos lugares submarinos que pueden tener petróleo, pero se necesita la mejor tecnología para evitar ese tipo de desastres y en vista de nuestra poca experiencia off shore no lo recomendaría.

¿Cómo ha incidido el turismo, la pesca y otras actividades de la intervención humana?

Bueno, no se dice mucho al respecto, pero las capturas de pesca vienen en disminución desde hace 60 años. Y aunque ya no se captura como antes, el mar sigue siendo una fuente de alimentos esencial y hay algunos ejemplos de sostenibilidad y otros no. El atún, por ahora, sigue manteniéndose sostenible pese a la presión a la que se somete el recurso. Sin embargo, hay otros organismos como las anchovetas o las sardinas que están siendo afectadas y de las cuales se extrae la harina de pescado, que se usa para alimentar salmones, pollos y otros animales. Estos organismos pueden quedar en riesgo por la crisis climática y ahí vendrían muchos riesgos en términos de seguridad alimentaria. A este problema hay que sumarle el hecho de que los océanos se han venido contaminando hace años con mercurio, por la minería de oro. En las selvas, por ejemplo, la minería de oro de aluvión hace que el mercurio llegue al mar por los ríos, y eventualmente por la lluvia, y se va bioacumulando. Por eso podemos encontrar mercurio en diferentes animales, como el atún y tiburón. La clave es buscar fuentes alternativas de alimento de origen marino como la acuicultura.

¿La acidificación pone en riesgo la vida de las especies marinas?

Debilita a algunas especies que tienen esqueletos de carbonato de calcio. Obviamente los corales se vuelven más frágiles, pero hay muchos organismos que tienen conchas y esqueletos que también se verán afectados. Asimismo, con la acidificación el mar se vuelve menos productivo, ya que algunos miembros del plancton se verán afectados y eventualmente eso puede aportar a la crisis alimentaria.

¿Y la contaminación por plástico?

El plástico ya está en la comida de mar, de hecho lo digerimos constantemente. Si yo a usted le digo: describa una imagen que integre plástico y océanos, ¿usted que me diría?

Se me viene a la mente una imagen de bolsas en la playa…

Pues esa no es la principal preocupación. Hoy en día el microplástico que llega al mar viene de micropartículas, principalmente de las que generan las llantas de los carros. Cada carro con sus llantas, por ejemplo, genera un kilo de material particulado de entre dos a cuatro micras. Esas partículas van al cielo y luego con la lluvia llegan al mar. También están las micropartículas de la ropa. Usted ve, y ahora las camisas no dicen 100% algodón sino 50% poliéster y 50% algodón. De esos productos salen millones de microfibras que también llegan al mar y que están contaminando el océano, hasta las capas más profundas. Usted puede tener toda una ciudad andando en carros eléctricos, pero la contaminación de las llantas va a seguir llegando a las fuentes de agua. Usted dirá: pero el agua que yo tomo viene de Chingaza y está purificada. Pues esas micropartículas también llegan a los embalses por la lluvia, por eso digo que venimos consumiendo microplástico hace mucho tiempo. Y el problema es que esas micropartículas generan afectaciones en la salud, principalmente en el sistema endocrino. Mi próximo libro sobre biodiversidad, que sale el semestre entrante, hace una revisión sobre este tema.

Foto: Pok Rie-Pexels

¿Existen otros agentes similares de los que no tengamos conocimiento?

También tenemos un exceso de esteroides que, si bien son naturales en cualquier animal, se incrementan en algunos casos, como en la producción de ganado. El agua que pasa por las plantas de tratamiento no logran muchas veces deshacerse de los esteroides y estos llegan a los ríos y al mar, afectando a los peces y generando cambios abruptos en los ciclos reproductivos de algunas especies. Entonces sí, también hay miles de especies amenazadas por la calidad de las aguas vertidas.

Y pensando en algunos aspectos quizás más optimistas, ¿cómo ve el futuro del agua potable con los tratamientos de desalinización?

Ahora que lo menciona, la sal marina ya está llena de microplástico. Usted examina la mina de sal en Manaure y encuentra esas micropartículas. El mar tiene muchísima agua, por supuesto, el problema ahora son los costos para desalinizar el agua, es un proceso que demanda mucha energía ya sea por destilación o por ósmosis reversa.

¿Cómo puede ser la adaptación de los océanos ante la crisis climática?

Los océanos han tenido épocas geológicas con niveles muy bajos de oxígeno, el problema son los seres vivos que se enfrentan a la extinción, al menos local. El océano, como explicaba anteriormente, participa dinámicamente en el ciclo del agua, generando vapor de agua, que es gas que naturalmente genera más Gases Efecto Invernadero (GEI). Hasta hace 15 años, por ejemplo, se descubrió que el Fenómeno del Niño era la respuesta cíclica a la acumulación del vapor de agua, debido a la temperatura, por lo que se generaban cambios abruptos en los vientos y en la forma como interactúan con el océano. Cuando los ciclos cambian, los que nos vemos afectados somos nosotros los seres vivos. No puede haber un buen entendimiento del cambio climático si no se incluyen los océanos.

Por otro lado, el aumento en la temperatura también incide en la disminución del oxígeno neto en los océanos. Y el problema es que nosotros no queremos entender que la Tierra está integrada y que nuestras intervenciones tienen efectos en toda la biósfera. Si usted ve, las Metas del Milenio no incluían a los océanos, y después, entendiendo un poco mejor a la biósfera, los incluyeron en los ODS. No hemos entendido que la biósfera hay que cuidarla en su integridad, no es solamente invertir en la salud o la economía, es ver todo como un sistema.

Lo que usted señala me hace pensar inmediatamente en el coronavirus…

Hace unos meses estaba tomando fuerza la idea (conspirativa) de que el virus había sido creado en un laboratorio, y lo más benéfico que podría pasarle al ser humano es que realmente, que lo dudo mucho, el origen hubiese sido un error de laboratorio, porque eso hubiese significado que el riesgo de desborde zoonótico de nuevos virus actualmente no es muy alto en el planeta. Pero, al contrario, ahora existe consenso en que fue un desborde zoonótico, que pasó de un animal al ser humano. Esto genera preocupación, pues con el cambio climático y la pérdida de biodiversidad aumenta el riesgo de que nuevos virus nos afecten y esta situación por la que estamos pasando la podríamos tener cada tres o cinco años.

Hace poco estaba leyendo sobre unos murciélagos en Australia que se conocen como los zorros voladores, son grandes, pueden medir más de un metro. Este animal come flores de eucalipto. Con las anomalías climáticas en Australia, cada vez es más difícil que el animal encuentre su alimento, por eso han llegado a ciudades como Sydney y los científicos ya descubrieron que ese murciélago porta asintomático un virus Hendra cuya mortalidad puede ser del 70% en humanos. De hecho se han presentado algunos brotes debido a que el virus pasa del murciélago al caballo y del caballo al hombre. Ante la crisis ambiental, aumenta el estrés del animal y por eso ha llegado a las ciudades y el paisaje rural. Por eso le digo: la probabilidad del laboratorio era la menos preocupante. Esto también lo incluí en mi nuevo libro sobre biodiversidad.

¿En Colombia cómo se presentan estas afectaciones?

Aquí tenemos ratones salvajes que también pueden albergar riesgos como los hantavirus, que usualmente generan una fiebre hemorrágica. En cada país de Suramérica hay otra cantidad de especies que son poseedoras de hantavirus, el nuestro se llama Necoclín pero debo ser claro en esto, la culpa no es de las especies; cuando se alteran los ciclos naturales y se afecta la biodiversidad estas cosas van a pasar. Para algunos la solución es llenarnos de salas de cuidados intensivos, pero lo que hay que admitir realmente es que estamos alterando los procesos que mantienen la biodiversidad a una escala planetaria.

En Colombia debemos entender por ejemplo que el Chocó, uno de los lugares más húmedos del mundo y que está ligado a los procesos oceanográficos del Pacífico. Gracias a esas características, tenemos tanto potencial hidroeléctrico. Entonces cuando hacemos modelamientos debemos tener en cuenta esa integración de la tierra y los océanos, de lo contrario seguiremos apostando nuestra sostenibilidad a ciegas.

¿Y en términos de otros virus, cómo estamos en el trópico?

El trópico tiene varias complejidades. La fiebre amarilla, por ejemplo, llegó de África y se vino junto con su vector, el mosquito tigre Aedes aegypti, que fue invasor en toda América y que transmite enfermedades difíciles como el dengue, zika y chikunguña. Ojalá que la enfermedad del Covid-19 nos haga reflexionar sobre los riesgos virales que tenemos desde hace décadas y sigamos el impulso para estudiarlos y contenerlos.

En Colombia también me preocupa mucho la deforestación, principalmente por la ganadería. Y no se trata de decir que se acabe la ganadería, pero existen otras formas de producción sostenible. La ganadería bajo sombrío, por ejemplo, produce 70% más y tiene menos costos. Existen formas de producir ganado en los bosques y de mezclar esta actividad con otros cultivos y actividades como el ecoturismo. Pero es muy triste ver cómo la ciencia ha encontrado soluciones, pero por falta de voluntad política no se han implementado. Lo menciono porque la deforestación nos expone a epidemias y a ser vulnerables ante los cambios climáticos.

Volviendo al tema de los océanos y para terminar, ¿cómo están los océanos de Colombia? ¿Qué tanto sabemos de ellos?

Tuve la suerte de hacer parte de la Misión Internacional de Sabios del año 2019 en el foco de océanos y recursos hidrobiológicos. Hicimos un diagnóstico sobre cómo están los océanos y bueno, nuestros mares están subexplorados y subaprovechados, no los conocemos bien, no tenemos un mapa de nuestra topografía submarina, por ejemplo. El mar para nosotros es una mancha azul estéril en un mapa, nadie lo ve como algo interesante, pero nos podría aportar muchísimo en términos de seguridad alimentaria, ciencia y bienestar. El potencial para la industria es enorme pero poco se ha explorado. Y volvemos a lo que hablamos al comienzo: los tratamientos farmacéuticos de vanguardia tienen componentes marinos que muchos ignoramos durante años. Permítame una última predicción, los microorganismos marinos tendrán cada vez más un mayor impacto en la ciencia y la industria.

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